viernes, 5 de diciembre de 2008

Miu Miu, la segunda marca de Prada, inaugura tienda en Madrid con una exposición de carteles y numerosos invitados


De pequeña a la diseñadora italiana Miuccia Prada la llamaban Miu Miu. Y así es como la modista bautizó a la marca que fundó hace 15 años. Un proyecto creado para volcar todo aquello que no cabía en Prada por ser demasiado espontáneo o subversivo y que se ha convertido en el estandarte de la moda intelectual. Miu Miu no es una versión más asequible y juvenil de una gran marca como D&G, de Dolce & Gabbana, o DKNY, de Donna Karan, ya que juega y compite con Prada en la primera línea de la moda. Aunque todavía hay diferencias porque Prada tiene 144 tiendas en todo el mundo y Miu Miu sólo 28. La última se inauguró en España anoche, en el número 72 de la calle Claudio Coello de la capital.

Para celebrar esta inauguración, la firma ha lanzado una pequeña colección que se venderá en exclusiva en la boutique madrileña, donde se expusieron anoche enormes carteles adhesivos inspirados en algunas de sus campañas, con las actrices Lou Doillon, Chloë Sevigny o Kristen Dunst como protagonistas. Hasta allí se acercaron numerosos rostros conocidos, entre los que se encontraban los de las actrices Elena Anaya, Nawja Nimri y Natalia Verbeke y los de las modelos Bimba Bosé, Laura Ponte, Helen Lindes y Paloma Lago.

Desde el principio, Miu Miu fue una vía de escape para la diseñadora. "Prada se había vuelto muy seria. No podía hacer ciertas cosas porque eran muy kitsch para una gran marca. Necesitaba un espacio para la luz, la creatividad y la libertad", explicó la creadora en Financial Times. La firma nació así como una extensión de la personalidad de la diseñadora "Es otra expresión de mi universo sólo que más espontánea. La regla es: si tengo que pensarlo tres veces, no es para Miu Miu", contó Prada a Le Nouvel Obs Styles.

Pero Miu Miu no siempre fue como es. Su gran salto llegó en el momento que parecía más adverso. En el año 2000, Prada compró Jil Sander, Helmut Lang y Azzedine Alaïa, conocidas en el mundo de la moda, como las marcas intelectuales. Es decir, la competencia directa de Miu Miu. Pero las cosas no fueron bien, y para 2006 ya se había desprendido de las tres firmas. "Teníamos nuestra propia marca con el potencial que buscábamos pero, por alguna razón, estuvimos negándola", confiesa Prada en Financial Times. Miu Miu se emancipó, abandonó la pasarela de Milán, donde se presentan las colecciones de Prada, y empezó a desfilar en París junto a Chanel o Louis Vuitton. Su debut francés fue en el restaurante Lapérouse, el lugar donde los escritores Alejandro Dumas y Émile Zola solían cenar. Un ejemplo más del espíritu de la marca que nunca quiso ser Prada II.

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